La miopía desde un punto de vista óptico se puede definir como un defecto refractivo en el cual los rayos de luz se focalizan por delante de la retina debido a un aumento del diámetro anteroposterior del ojo (imagen 1). Esto produce el principal síntoma de la Miopía, es decir la visión borrosa de los objetos lejanos. Cuantas más dioptrías, la visión será más borrosa a distancias más cercanas. Para ver bien de cerca, el miope deberá acercarse aquello que quiere ver.

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La Miopía Magna se inicia en la infancia, y aunque se desconoce exactamente la causa de esta patología, comúnmente se atribuye a una predisposición genética influenciada por factores ambientales.

De forma sencilla la miopía se puede clasificar en dos formas:

Miopía simple: es aquella en la que el defecto refractivo es menor a -6 dioptrías, el crecimiento anteroposterior del ojo se estabiliza al finalizar la adolescencia y no hay afectación de la retina.

Miopía patológica: caracterizada por un defecto refractivo mayor a -6 dioptrías, con crecimiento del eje anteroposterior del ojo durante toda la vida. Esta realmente es una enfermedad ocular producida por una elongación excesiva del globo ocular. Al aumentar el tamaño del globo ocular sin producirse un aumento simultáneo de la retina y la capa vascular que la nutre, estas tienen que estirarse para ocupar una superficie mayor, por lo que se adelgazan considerablemente (más delgadas cuantas más dioptrías tiene el paciente). Esto da lugar a la aparición de complicaciones que pueden poner en peligro la visión.

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Maculopatía miópica atrófica: se ve directamente la esclera, es decir, la pared blanca exterior del ojo, porque la retina y la capa vascular han desaparecido, y como consecuencia el paciente no puede ver.

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Agujero de mácula en un alto miope, que evoluciona hacia un desprendimiento de retina